J. Antonio Domenech Corral

 

 

ACTUALIDAD

 

Mis dos recuerdos de nuestra patrona en su festividad

j. antonio doménech corral (LEVANTE,15.05.2017)                       

Van ellos ligados al histórico Real Monasterio valenciano de la Trinidad, regentado por las monjas franciscanas clarisas desde su fundación en 1443 por la reina María de Castilla. Cerró sus puertas en 2014 por la razón que su cuidado, por el muy reducido número de religiosas de avanzada edad que últimamente lo habitaban, les resultaba insostenible; siendo trasladadas al otro que atiende la misma orden en nuestra ciudad con el título de Convento de «La Puridad». Pero con la promesa del entonces arzobispo, Carlos Osoro, de que pronto volviera a abrir sus puertas al cuidado también de monjas de clausura, aunque de distinta orden. Promesa a la que no pudo dar cumplimiento al ser trasladado a Madrid, ni tampoco hasta el presente resolver nuestro actual, el valenciano Antonio Cañizares, por falta de vocaciones. Pero cada año, cuando cumple la festividad de nuestra Patrona, Madre de los Desamparados, asaltan mi memoria dos recuerdos que guardan para mí esos hoy fríos muros del rico Monasterio, cerrado en permanente silencio.

Un recuerdo, es el de la atenta e inquieta Sor Inmaculada, encargada de la cocina, cada mañana con su carrito por la calle de Alboraya hasta el cercano supermercado a la compra de alimentos. Porque su tío, el cura párroco que lo era en 1936 de la cercana población de Puebla de Farnals, figuraba incluido en el proceso diocesano de beatificación como mártir, víctima de los incontrolados revolucionarios de nuestra última contienda civil; habiendo sido también el salvador de nuestra Patrona de la destrucción por el fuego, cuando igualmente incontrolados revolucionarios prendieron fuego a su Basílica. Y contagiaba su entusiasmo al proclamar que pronto contaría con un cercano familiar elevado a los altares a quien poder rezar, protagonista heroico, además, salvador de nuestra Madre de los Desamparados.

El otro recuerdo, es el de un marco dorado pendiente de uno de los muros del salón-archivo del Monasterio conteniendo, sobre una tabla forrada de terciopelo rojo, la mascarilla de cera de nuestra Patrona, obtenida de su imagen original antes del intento de destrucción y daños sufridos en el asalto a su Basílica. Fue donación del último capellán del Monasterio, el prestigioso canónigo Archivero de la Catedral, Dr. Ramón Robres Lluch, fallecido en 2004. Obtenida en secreto de confesión, nunca transmitió quién fue su autor ni quién la donó; pero a su fallecimiento quedó de propiedad del Monasterio donde estaba depositada. Yo, no obstante, como albacea testamentario que fui del Dr. Robres, obtuve autorización verbal de la Abadesa para disponer de la mascarilla a este fin por mi propuesto: servir para remodelar su cara acorde con la original, dado que cierta restauración llevada a cabo había sido «realizada con miedo» por temor a no acertar, según comentario del admirado periodista Baltasar Bueno, autor del valioso libro «La Virgen de los Desamparados de Valencia. Imagen y Advocación». Porque, efectivamente no se acertó a gusto de todos. Los rasgos del original parecían más orientales.

Sin embargo, la cruda realidad y decepción sufrida en ambos recuerdos fue que no todas las reseñas biográficas del tío de la Sor, ya beato Vicente María Izquierdo Alcón, cuyos restos se veneran en la iglesia parroquial de San José de Puebla de Farnals, recogen su heroico salvamento de la imagen de la Patrona; ni tampoco la mascarilla de cera de su cara, obtenida antes de su profanación, fue aceptada. Ni siquiera para su instalación definitiva y curiosa en el museo de la Virgen, según ofrecimiento posterior. ¿Quizás por constituir su omisión denuncia permanente del rechazo? Lo cierto es, que ambos recuerdos reviven en mi memoria cada año en esta festividad. Sin poderlo evitar.

                   

 

"Lo 9 d'Octubre", fiesta valenciana de Acción de Gracias 

 Decía el célebre filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) que “del pasado no nos podemos vengar, sino asumirlo tanto a nivel personal como social si queremos construir algo positivo”. Y esto es lo que hacemos cada año los valencianos en nuestra fiesta "lo 9 d’Octubre" desde su implantación en 1338 por el rey Pedro I el Ceremonioso. Nada menos que un siglo después de conquistar Valencia Jaime I constituyéndola como nuevo Reino totaliter aliter (totalmente otro distinto) dentro de la confederación Aragonesa. Y no antes, porque un siglo necesitaron sus sucesores para conformar sus leyes -els Furs-, su gobierno -el Consell-, su autoridad civil -els Jurats- y su moneda -el rial valenciá-. Además de repoblarlo de cristianos (antes la mayoría musulmanes) y transformar su paisaje urbano con la edificación de iglesias (antes mezquitas).

 Y asumimos entonces este pasado, como ahora, en el sentido religioso de acción de gracias a Dios, por la voluntad del rey Jaime I manifiesta con estas palabras al emprender la conquista de Valencia, en respuesta a la cruzada predicada por el Papa Gregorio IX (1227-1241) contra la invasión musulmana de nuestra península: “Anem a setiar Valencia en nom de Nostre Senyor Jesu Christ”. Y también por la voluntad del Consell de 1338 al fijar la celebración de esta fiesta en el futuro con este fin:  “En semblant día, suplicar a la Divina Bondad y a la su divina Mare que de ací en avant vullen conservar la Ciutat en lo seu servici”. Sin omitir el programa de actos que comprendía el "Ofici Divinal" en la catedral, por la mañana; es decir, la misa con "el sermón de la conquesta";  y la procesión cívica con la Real Senyera, por la tarde, sin que accediera en su recorrido a la catedral. Componían este histórico Consell els Jurats: Juan Escrivá, Bernat Valldaura, Bertomeu Matoses, Nombert Clariana, Bernat Tapiols y Ramón Semboy; más Ramón Soler, como Justicia Criminal, y Guillem Escrivá, como Justicia Civil.

 Este fue en sus origines el verdadero sentido de nuestra fiesta y así lo vivieron nuestros antepasados. Hasta que el Borbón rey Felipe V, ganada en Valencia la batalla de Almansa en 1707 en la guerra de Sucesión a la corona de España contra el aspirante también, archiduque Carlos de Austria, abolió nuestros fueros y suprimió la celebración de la fiesta quedando poco menos que ignorada durante dos siglos. Pero enseña la historia que ser fieles a las tradiciones asegura la continuidad de la propia identidad. Y es por esto que, llegada la transición democrática y frente a las modernas corrientes laicistas tratando de borrar lo religioso, tratamos los valencianos de recuperar lo perdido lo más fielmente posible. Ya sin figurar en el programa festivo la misa de acción de gracias ni el sermón de la conquista; pero no olvidando su genuino sentido religioso con la atención ahora de llevar la Real Senyera  a la catedral, al canto del Te Deum. Canto, por otra parte, que no guardaba entonces ni ahora relación alguna con la procesión cívica; sino con la fiesta religiosa de la catedral a su dedicación o consagración por el arzobispo de Tarragona, Pere de Albalat, nada más conquistada Valencia. Una fiesta que es propia de todas las catedrales cristianas, y con un canto litúrgico de ritual -el Te Deum-, que ahora no iba a dejar de entonarse por la oposición del actual Consistorio a la presencia de nuestra Senyera. Y al que, como catedral metropolitana que es, pueden también sumarse castellonenses y alicantinos. Es decir, toda la Comunidad Valenciana.

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POLÍTICAS  ICONOCLASTAS

 

            Sabemos por la historia que los iconoclastas fueron un tipo de radicales que en tiempos del imperio bizantino se dedicaron a arrancar estatuas  de sus pedestales. Para borrar la memoria de los personajes que representaban. Y también imágenes de los templos cristianos, siendo entonces su conducta causa de fulminante condena como herejía en el concilio II de Nicea (787); ganándoles la batalla el Papado tras  más de un siglo de enfrentamientos (726-843). Sin embargo no de manera definitiva, ya que lograron reavivarla los reformistas luteranos casi un milenio después, cuando la emprendieron contra imágenes de la Virgen y de los santos reduciéndolas a cenizas.

              Con posterioridad, y a ramalazos, también los hemos visto surgir en la historia. En Francia, con las estatuas de Napoleón. En la extinta URSS, con las de sus dioses Lenin y Stalin. En Irak, con Sadam Husein. Y en España, aunque sin esa virulencia, con la figura de Franco y los símbolos representativos de su régimen. Aún en nuestros días. Si bien, en mi opinión, la verdadera razón que movió a estos modernos iconoclastas fue, más que la de acabar con el recuerdo de las personas, la de renegar de sus filosofías políticas opuestas a las suyas propias.

              Pues, tras el asentamiento de los nuevos gobiernos municipales y autonómicos, no parece sino que tal modelo de política iconoclasta se está imponiendo en buena parte del territorio nacional. Así, tanto las corridas de toros, como  los  populares "bous al carrer" o "bous a la mar" que forman parte del programa de festejos de muchas poblaciones de nuestra geografía valenciana, se pretende erradicar.  Igualmente se pretende erradicar de lo público y reducir  a lo privado toda celebración religiosa. En Santiago, la tradicional Ofrenda al Apóstol, patrón de España, que cada año en su festividad protagoniza el rey. En Lugo, la del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento.  En otros varios lugares, las procesiones de Semana Santa. Sin que pase desapercibido que en nuestra misma población de Puzol, según medios de comunicación, la misa dominical que en temporada estival se celebra en determinada zona pública a la sombra, ha sido prohibida; lo que se han apresurado a corregir  propietarios de un solar ofreciéndolo a la Iglesia a este fin, aún costeando un toldo para recubrirse del sol.

              Menos mal que las dignidades eclesiásticas no han perdido la calma, limitándose a corregir, en voz alta,  el concepto erróneo que sobre la laicidad del Estado sostienen como defensa de su proceder tales ediles. Porque la laicidad, en verdad y como dicen los obispos, "respeta y promueve la variedad de convicciones existentes en la sociedad española"... "Promueve la libertad de los ciudadanos  sin imponer la propia ideología al pueblo al cual se sirve". Y no entiendo este afán surgido por finiquitar costumbres y tradiciones arraigados de siglos en la sociedad española, hasta llegar a conformar nuestra respetada y admirada identidad.  Porque "el pueblo que huye de sus tradiciones  -deberían saber- es un pueblo que renuncia a su identidad y a su alma", según axioma universal, con valentía manifiesta proclamado por una alcaldesa gallega en reciente fiesta religiosa

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TRES ARZOBISPOS Y UNA SANTA EN LA HISTORIA DE LA FIESTA FALLERA

J. ANTONIO DOMENECH CORRAL (diario LEVANTE, 19-03-2015)

              Sin duda la fiesta de Fallas, con sus bellos monumentos de madera y cartón, mas la alegría colorista de sus pasacalles, es lo que mejor define el carácter valenciano: extrovertido, alegre, ingenioso, artístico y hasta religioso. Aunque, cuando fue creada por el “Gremi dels Fusters”, la cualidad de lo religioso era irrelevante por más que el mismo "Gremi" decidiera en 1497  cambiar a San  Lucas, a quien había elegido como patrón, por San José; ya que, en buena lógica, era más propio que la protección del gremio de la madera estuviera en manos de un santo carpintero, que de un médico como  San Lucas. Sin embargo, en los muchos artículos publicados sobre la historia de nuestra fiesta, nunca he visto reconocido que tres grandes arzobispos y una extraordinaria santa influyeron en su realce. Nada menos que Santa Teresa de Jesús y los arzobispos valencianos San Juan de Ribera, Marcelino Olaechea y Agustín García-Gasco. Antes bien, suele afirmarse que no se conoce con seguridad su origen o éste se halla en las fiestas Saturnales de la antigua Roma. También que se denominaban así las hogueras que se encendían en nuestra ciudad para alguna celebración festiva, como “les falles en honor del gloriós Sant Vicent Ferrer”; y más tarde, con la aparición de los gremios, las montadas por el de carpinteros a final de invierno ante sus talleres, para quemar los parots  y desechos de material utilizado en sus trabajos durante el año. En una operación de limpieza.

               Pero no hay que remontarse tan lejos. Porque en 1609, el gran arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera (1569-1611), de noble linaje y tan identificado con lo valenciano que se le otorgó la ciudadanía valenciana,  compuso a San José una misa propia para el día de su fiesta, sustitutiva de la “común de los santos” que se le venía celebrando sin otro especial relieve. Disponiendo, además, que su festividad fuera de obligado cumplimiento en todo el Reino valenciano, asegurando así  la concurrencia de la gente libre de obligaciones laborales. Sin olvidar, en esta inspirada innovación, la influencia  que ejerció en el arzobispo Santa Teresa de Jesús , impulsora en España de la devoción a San José a través de los muchos "conventos San José" carmelitas por ella fundados desde 1562. Ya que también en Valencia quiso fundar uno en la "Ciutat Vella", tratándolo con el arzobispo; pero no aceptó las condiciones de sometimiento a la autoridad eclesiástica que le imponía. Ella quería su independencia. No obstante, en el tiempo que negociaron logró prender en el prelado tal entusiasmo por la devoción a San José, que se tradujo en su exaltación de la fiesta.

               Tres siglos después, otro arzobispo de grato recuerdo para los  valencianos que lo  tratamos, Marcelino Olaechea (1946-1966) -hoy en proceso de beatificación-  no de noble linaje, sino de clase obrera; pero Medalla de Oro por la gran obra social que llevó a cabo con la edificación de varios grupos viviendas para gente modesta, también promovió otra espectacular integración en la fiesta fallera con la ofrenda de flores de todas las comisiones falleras a la patrona, Ntra. Sra. de los Desamparados (1947). En un principio, depositados los ramos ante su altar en la Basílica; luego, al resultar insuficiente para acoger tanta flor, fuera del templo alrededor de una colosal imagen de la Virgen confeccionada con los mismos ramos al tiempo de serle ofrecidos.

               Finalmente, más cercano en el tiempo, el admirado Agustín Garcia-Gasco (1992-2009), creador en Valencia de la Universidad Católica. También incorporado a la historia de las Fallas por su decisión de celebrar la misa oficial de San José en la catedral, con asistencia de la Fallera Mayor, Corte de Honor, Junta Central Fallera y autoridades. Misa que anteriormente tenía lugar en la Iglesia Parroquial de San José de Calasanz (PP. Escolapios de calle Carniceros), por razón de pertenecer a ella el “Gremi dels Fusters”, por su ubicación.

               Y aún cabría en el futuro más innovaciones en lo religioso. Como que una imagen de San José acompañase a la de la Virgen en el acto de la ofrenda, en homenaje de Valencia a la Sagrada Familia. Pues en palabras de Benedicto XVI en nuestra ciudad en el V Encuentro Mundial de 2006, "la familia es patrimonio de la humanidad, porque a través de ella se prolonga la presencia del hombre en el mundo".

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LA CANDELARIA Y LOS 410 AÑOS DE LA IGLESIA DEL PATRIARCA 

 

J. ANTONIO DOMÉNECH

              Hoy, 2 DE FEBRERTO 2015, festividad de “la Candelaria” en el mundo católico, cumple 410 años de culto original y solemne a la Sagrada Eucaristía la Real Capilla de Corpus Christi de nuestra ciudad (Iglesia del Patriarca). Pues si bien el 8 de febrero de 1604 su fundador, el arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía, JoandeRibera, dispuso la apertura de  sus puertas por vez primera  para que su inauguración pudiera ser presenciada por el rey FelipeIII,  de visita en Valencia para presidir las Cortes Forales que iban a celebrarse en el Convento de los Dominicos –actual Iglesia castrense de Santo Domingo en la plaza de Tetuán-, ordenó cerrarlas terminado el acto. Y no se volvieron a abrir hasta el domingo 2 de febrero de 1605, “que fue el primer día que se dixeron los Oficios Divinos en ella” según anotó de su puño y letra el propio arzobispo, para que así constase en su historia.

               Un año de clausura al público valenciano, tiempo que dedicó  a preparar su gobierno y elegir el personal que había de servir en ella -capellanes, acólitos, infantillos, cantores, organista y demás músicos instrumentistas- instruyéndoles personalmente en las ceremonias por él mismo conformadas, como los célebres "alabados al Santísimo" y "ofrecimiento de ramos" de los jueves, y "procesión de la Octava de Corpus" con sus "danzas", ensayándolas cien veces junto con el "Oficio divino" los salmistas, para que resultasen con la atención, pausa y solemnidad que deseaba. Ceremonias originales únicas en el mundo, que todavía asombran a cuantos visitantes  las contemplan por primera vez;  y que bien merecen  formar parte del tesoro del patrimonio cultural inmaterial de España. 

              Con una singularidad, además, sorprendente; y es, que a pesar de los años transcurridos, los Concilios ecuménicos habidos con la obligatoria modificación de rúbricas y ceremonias dispuestas por la Sagrada Congregación Romana para el Culto Divino, éstas del Patriarca han permanecido inalterables tal como las concibió y fueron anotadas detalladamente en 1620 por el capellán SebastiánMartínez, Sacristán Ayudante de la Capilla, en el libro ceremonial titulado " Consueta", recogiendo la voluntad manifestada por el Fundador Ribera: "Porque ha sido Dios servido de darme vida para dar principio a estas solemnidades, queremos que continúe en adelante como ahora se hace, como lo hemos dispuesto en la CONSUETA que dejamos para regimiento de la Sacristía". Lo que sin duda ha sido posible gracias al empeño y compromiso de cumplimiento de todos los sacerdotes Rectores de la Institución habidos en su historia, que no han escatimado cuantos gastos y molestias han sido necesarios para  conseguir de la Sede romana los oportunos privilegios pontificios.

               Y como apunte, la razón que tuvo el arzobispo Patriarca para fijar en 2 de febrero  el comienzo del culto en su Iglesia: Que ese día celebraba la Iglesia -y celebra- la fiesta de la Purificación de la Virgen y se la honraba en Sevilla bajo el título de "Nuestra Señora de la Antigua" a la que él, como sevillano que era, profesaba especial devoción hasta haberla erigido una hermosa capilla en su Iglesia, proclamado Patrona de su institución y obtenido del papa Paulo V en 1607 el regalo de la indulgencia plenaria a perpetuidad, para cuantos en este 2 de febrero acudieran  a visitarla en esta capilla. Visita que si se produce  a partir de las 6,30 de la tarde, permite escuchar el canto solemne del Oficio de Vísperas seguido del canto de los "Gozos" que el devoto Patriarca le dedicó.  No faltando a esta cita, cada año, la Casa de Andalucía en Valencia.

Capilla de la Virgen de la Antigua en la Iglesia del Patriarca. Ver la imagen en el centro

del retablo.                

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Admirables manuscritos anónimos valencianos

J. Antonio Doménech Corral

              En el día festivo de exaltación de lo valenciano, deseo rendir un particular homenaje de admiración a los valencianos anónimos que dejaron huella de su amor por nuestras cosas, con empeño y constancia. Aún sin pensar que sus notas, recogidas con  tanto esmero, podrían ser de utilidad en el futuro. Me refiero concretamente a los autores de una serie de libros manuscritos del siglo XVII y XVIII, encuadernados en pergamino, recogiendo acontecimientos de nuestra historia. Y también de la vida cotidiana, de esos que no llegan a trascender a los cronistas. Se hallan en el Colegio Seminario de Corpus Christi de nuestra ciudad fundado por San Juan de Ribera, quizá alguno escrito por un antiguo colegial becario  y otros procedentes de donaciones de admiradores del santo.   

              Pero hay uno en particular  valioso, en forma de vademécum, titulado "Antigüedades de Valencia", que recoge la composición anual del Consell de la Ciutat a partir del año 1306; porque, como advierte en la primera página, "així que lo Rey en Jaume conquista a Valencia, nomena Jurats que fon en lo any 1238; y per haberse cremat lo Archiu de la Casa de la Ciutat, se perderen estes memories que sols se troven  desde lo dit any 1306". De modo que empieza así el libro: En lo any 1306, reynant lo señor Rey en Jaume lo segon, hera Bayle General en Bernat Esplugues, en Tomas Fabre, en Guillem Colome, en Bernat Solsona; y Mustasaf, en Berenguer Burguera". Advirtiendo que los citados, a cuyo nombre antecede el término "en", son ciudadanos; y  a los que antecede "mosen", son caballeros generosos. Por consiguiente, el referido Consell de 1306 estaba constituido solo por simples ciudadanos. Sin embargo al año siguiente fueron creados dos nuevos cargos, " el Justicia Criminal" y "el Justicia Civil", cuyos nombres también se muestran, pasando a ser los Jurados de la Ciudad de cuatro a seis, por privilegio real. Añadiéndose más tarde el empleo  del "Racional", con el que ya quedó conformado en su integridad el Consell.

              Pero lo más original de este libro, escrito con limpieza, bella caligrafía y correcta alineación de renglones,  es que al principio de cada año y antes de figurar la composición del Consell, resalta el acontecimiento más importante acaecido. Así, por ejemplo, figura:      

             "1330, mana el Rey Alonso el segon, que es fes la estracció de Jurats la vespra de Pascua de lo Espirit Sant, y no en lo día.

              1337, en aqueste temps los Jurats subdelegaben, y si moría algu, feyen elecció de altre.

              1342, se comenzá a tindre le Consell General en la casa de la Ciutat, que ans se achuntaven en la Cofradía de Sent Jaume.

             1350, ordena la Ciutat que lo pont de Serrans fos fet de pedra.

             1364, este any font concedit per lo Rey don Pere lo segón, que los castells del Puig y fortaleches de Ribarroja, Villamarchant, Vétera y Montroy, fosen derrocats y que mai se poguessen redificar.

            1372, se comenzá la primera processó del Corpus a anar per la Ciutat, y es maná que totes les parroquies anaren a la Seu. En este mateix any comenzá lo aniversari per lo Rey en Jaume lo Conquistador a 27 de Juliol, per delliberatió del Jurats y Consell..."

              Recogiendo, además, el decreto de fecha 14 de agosto de 1724 del rey Luis I"tocant a los Nobles, Generosos, Hidalgos, Cavalleros y Ciudadanos de Valencia"; el cual decreto reducía la variada clase noble valenciana a solo dos, como en Castilla. Es decir, a los nobles de sangre y solar conocidos; y a los nobles de privilegio. Y relacionando también el libro todos los títulos nobiliarios valencianos que eran: 5 ducados, como Gadía y Liria; 12 marquesados, como Denia y Dosaguas; 1 vizcondado, como Chelva; 22 condados, como Buñol y Carlet. Para terminar anotando, en orden alfabético, el nombre de todos los linajes del Reino de Valencia que eran  211.

              En resumen, un prontuario de utilidad para el investigador; y un testimonio  de su amor por "la terreta" de quien escribió este libro que, aunque anónimo, seguro  es un valenciano  merecedor hoy de este homenaje.

 

15 de Agosto, FIESTA TITULAR EN NUESTRA CATEDRAL

 

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL

                Todas las catedrales del orbe católico cuentan al año con dos principales celebraciones festivas propias: la de su dedicación o consagración como sede exclusiva del obispo del lugar; y la de su titular o patrono. En nuestra catedral son éstas: la del 9 de octubre y la de hoy, Ntra. Sra. de la Asunción, respectivamente.  La primera, en memoria de la misa que se celebró en la mezquita mayor de la ciudad nada más conquistada por Jaume I en 1338, ante el icono de la Virgen que siempre portaba en sus batallas denominada por él "Nuestra Señora Santa María". Y la segunda, porque tras esa misa, el arzobispo de Tarragona que le acompañaba, Pedro Albalat, la erigió en Catedral de Valencia bajo el patrocinio de esa Virgen con el título de "Nuestra Señora de la Seo" o "Virgen de la Seo", nombrando a sus primeros trece canónigos y a su obispo, Fr. Berenguer de Castellbisbal.

                Pero sabemos que, bajo esa triple denominación de la patrona titular, se estaba haciendo referencia sóolo a Ntra. Sra. de la Asunción, porque dieciocho años después los canónigos fundaron una cofradía para el socorro de los sacerdotes viejos y enfermos con el título de esta Virgen, pero añadiendo ahora “en el misterio de su Tránsito y Asunción”. Es más; fijaron la celebración de su fiesta el 15 de agosto e introdujeron por primera vez la costumbre de sacarla en procesión por las calles (1372), adelantándose en dos siglos al resto de iglesias de occidente. Y con la novedad de hacerlo con la imagen de la Virgen en posición yacente, dormida o "gitaeta" (en valenciano), a la manera de las iglesias orientales; y no erguida como era costumbre en las occidentales, rodeada de ángeles acompañándola en su Asunción a los cielos. Resultando ser la procesión más antigua de Valencia, fiel todavía a su ceremonial y recorrido originales.

                Una cofradía y una Virgen titular que han contado siempre con el apoyo y la devoción ferviente de los reyes de la Corona de Aragón y de todos los arzobispos valencianos. Aunque quizás, históricamente, haya sido considerado el más entusiasta el papa valenciano Calixto III (Alfonso de Borja) cuando era obispo de Valencia (1429-32). Porque le compuso y dedicó unos "gaudes" o "gozos", escritos en latín, haciendo referencia a la vida de la Virgen en relación con Cristo, su hijo; y disponiendo que le fueran cantados los sábados en todas las iglesias de la diócesis valenciana. Y de todo el mundo, cuando accedió al papado (1455-58). Una tradicional costumbre que todavía mantienen algunas parroquias de Xátiva, su ciudad natal, y habiéndose propuesto su restablecimiento en todas las de la archidiócesis durante la festividad del pasado año 2008, con motivo de cumplirse los 550 años de la muerte de este pontífice Borja.

                Pero, sobre la forma de representar la imagen de esta Virgen, yacente en la iglesia oriental desde el s. II; y erguida elevada a los cielos en la occidental desde el VII, merece destacarse la parroquia Nta. Sra. de la Asunción, de Benimaclet, que con extrañeza observan sus visitantes tener ubicadas en su retablo mayor dos bellas imágenes de la misma titular. Pero una yacente y la otra asunta, quizás la única del mundo.  Y tiene su motivo. Que fue fundada en 1594  por San Juan de Ribera, arzobispo de Valencia (1569-1611), perteneciente como tal a la iglesia occidental. Pero que igualmente pertenecía a la iglesia ortodoxa oriental, como  Patriarca de Antioquía que a la vez era. Debiendo y deseando por esta razón mostrar su veneración por  la Virgen en ambas manifestaciones.  

Retablo iglesia parroquial Ntra. Sra. de la Asunción de Benimaclet

con las dos imágenes en él veneradas

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EL PATRÓN  “AMADOR” DE VALENCIA

 J. Antonio Doménech Corral

            En la misma festividad que hoy celebramos en honor de nuestro patrón San Vicente Ferrer, pero del mes de abril de 1586, empezaba así su homilía en la catedral el arzobispo Patriarca, San Juan de Ribera:  “Celebramos hoy la fiesta del gloriosísimo San Vicente Ferrer, al cual por muchas consideraciones debe esta nuestra tierra particular devoción; porque estamos ciertos que hace con nosotros el oficio que vio el santo Onías hablando del profeta  Jeremías: Este es el amador de sus hermanos, el que mucho ora por su pueblo y por toda la santa ciudad (2 Mac 15, 14)”.

              Y decía verdad. Porque del amor que San Vicente Ferrer sentía por su tierra, por su gente, por sus instituciones, dan testimonio las muchas alusiones que de todo ello hacía en sus sermones. Y si es sobre la  lengua valenciana, no hay mayor prueba que haberla utilizado siempre en su predicación por todos los pueblos de Europa, sin que nadie dejara nunca de entenderle. Pero lo mismo cabe decir de la ciudad de Valencia que mantenía entonces una constante correspondencia con él, rogándole sin cesar un pronto regreso a casa. Para que disfrutara de los apacibles aires y bellos paisajes de su querida Valencia, los más aptos para  restablecer su ya quebrada salud.

              Igualmente en la actualidad  los valencianos seguimos festejando a nuestro  “amador” hermano y patrón, con el entusiasmo y admiración de siempre. Lo que sucede es que, como ha escrito el religioso dominico P. Adolfo Robles, “profundizamos poco en la lectura de sus escritos y sermones para conformamos con sus milagros; aunque este es el mérito de la representación de “les miracles”: el que contribuyen a que el espíritu vicentino siga vivo en el pueblo”. Pero es que, San Vicente Ferrer no es sólo el mayor taumaturgo que ha tenido la  Iglesia en su historia, ni el más arrebatador de los predicadores de todos los tiempos con su magia verbal y profética; sino que fue también un gran intelectual,  autor de diversos tratados escritos. Un admirable profesor de filosofía y de teología en la escuela catedralicia de Valencia, además de Maestro del Sagrado Colegio en la corte papal de Avignón. Y clarividente político, como quedó demostrado en  sus intervenciones en el cisma papal de su tiempo y en el Compromiso de Caspe. 

              Es por ello digno de alabanza todo el esfuerzo hecho por nuestro Ayuntamiento para  divulgar la obra completa de nuestro santo  patrón. Con el fin de lograr un mayor conocimiento de su personalidad y rescatarlo de la simple creencia de que sólo era un extraordinario milagrero. Así, a través de su Delegación de Publicaciones, en 1995 editó “El pensamiento filosófico de San Vicente Ferrer”, recopilado por el dominico Mauricio Beuchot; en 1996 “Obras y escritos de San Vicente Ferrer”,  por el dominico Adolfo Robles; también el mismo año la “Colección de Sermones de Cuaresma y otros según el manuscrito de Ayora”;  y por último, en edición facsímil, el “Sermonario de San Vicente Ferrer” que guarda la biblioteca del Real Colegio-Seminario de Corpus Christi, y que comprende los de Cuaresma que predicó en Morella ante el Papa Luna y el rey Fernando I de Aragón. Libro que obraba en poder del párroco de Morella y que regaló al Patriarca arzobispo San Juan de Ribera, conocedor de la gran devoción que profesaba a San Vicente, en cierta ocasión que éste se hospedó en su casa abadía. Pues solía decir el Patriarca, que a la mediación celestial  del santo valenciano debía su nombramiento de arzobispo de Valencia. Para que conociera mejor cuál hermosa era la tierra valenciana y la razón del amor que por ella y su gente había sentido siempre el santo dominico.

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FIESTA AL PATRIARCA EN SU REAL CAPILLA

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL

   Hoy, 14 de enero de 2014, celebra la iglesia valenciana la festividad de su arzobispo del Siglo de Oro, San Juan de Ribera (1532-1611), fundador de esa hermosa institución denominada “Real Capilla y Colegio Seminario de Corpus Christi” en la calle de la Nave y, a nivel popular,  “Iglesia del Patriarca”. En dos fases de terminación e inauguración (la Capilla en febrero de 1604 y el Colegio Seminario en agosto de 1610).  “Desde entonces, no sólo había un templo más en Valencia en el que se honraría de manera solemne a Jesús Sacramentado, manteniendo la llama de la fe eucarística de la región valenciana”, como escribía el cronista e historiador Pascual Boronat en su “Historia del Reino de Valencia”, sino también un centro de formación para los estudiantes con vocación sacerdotal. A él trasladó desde el palacio arzobispal su residencia San Juan de Ribera  en agosto de 1610, y en él falleció el 14 de enero de 1611. Hace ahora 403 años. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1962 y otorgada la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 1999, por la ejemplar conservación de su rico patrimonio pictórico, músico, literario y documental, además del litúrgico-religioso, en los cuatro siglos transcurridos. Reconocido mérito  de los sacerdotes rectores de la institución, custodios perpetuos de ella.  

 Pero,  aún por encima de la admirable riqueza artística material que guarda en su  interior el sobrio edificio en fechada, sobresale la religioso espiritual que reciben sus seminaristas colegiales en etapa formativa. Para luego transmitirla en el ejercicio de su ministerio sacerdotal en las parroquias confiadas a su cargo. Y no solo  en territorio valenciano donde la han desarrollado 600 colegiales ordenados a lo largo de su historia, sino de otras comunidades nacionales a través de otros 10  que fueron elegidos obispos y arzobispos de diferentes diócesis; y aún del extranjero por  2 cardenales y 3  venerables fundadores de instituciones religiosas extendidas por el mundo, los cuales  se hallan en proceso de beatificación. Sin olvidar el heroico ejemplo de otros 15 que testimoniaron su fe con el martirio.

 Pero es principalmente esta fiesta a la que acuden todos los antiguos colegiales que pueden desplazarse de sus actuales destinos, además de los numerosos devotos que llenan el templo, la que parece haberse convertido en ocasión para rendir los valencianos homenaje de agradecimiento al santo benefactor que invirtió la cuantiosa herencia de su padre en una doble única obra en el mundo católico: la de tributar al sacramento de la Eucaristía diariamente su culto solemne y reunir en un centro formativo  a los futuros párrocos de iglesias valencianas para infundirles el arraigo a esta devoción y culto.  

 Fiesta que siempre honraba con su presencia el reciente fallecido, antiguo colegial,  cardenal Ricardo María Carles. Junto con otros prelados también colegiales. Sin duda su ausencia será hoy la más sentida y recordada. 


El cardenal Carles en el almuerzo de celebración de 2013 dirigiéndose a los antiguos colegiales asistentes, entre el arzobispo de Valencia y el obispo de Ibiza. Al lado del arzobispo de Valencia, el de Mérida-Badajoz. Tanto el cardenal Carles, como el arzobispo de Mérida-Badajoz, mons Aracil, y el lobispo de Ibiza, mons. Vicente Juan, son antiguos colegiales de beca.

 Interviene arzobispo de Valencia.- En 1º plano izquierda J. Antonio Doménech Corral, antiguom Colegial                

 

    

                                               Aspecto del comedor con antiguos Colegiales

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EL LIMOSNERO DE DIOS 

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL ( publicado en LEVANTE, 10 octubre 2013)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy celebra la Iglesia valenciana la festividad de su arzobispo más caritativo, apodado “el padre de los pobres” entre nosotros y universalmente como "el limosnero de Dios", Tomás de Villanueva (1486-1555). Así llamado por vivir toda su niñez en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), aunque era nacido en Fuenllana. Su nombre completo, Tomás García Martínez de Castellanos, y es con otro arzobispo santo, Juan de Ribera, lo más sobresaliente del episcopologio valenciano.

En el gobierno de nuestra  archidiócesis 14 años les separa; pero sorprendiendo las múltiples circunstancias similares que coinciden en sus vidas. Porque ambos fueron ilustres profesores de la Universidad de Salamanca y ambos debieron la mitra a un nombramiento real: el primero a Carlos I y el segundo a Felipe II. Y los dos igualmente la rechazaron, aunque viéndose obligados a aceptarla: Santo Tomás, por su voto de obediencia como fraile agustino que era; y San Juan de Ribera, por la insistencia del papa San Pío V en esta aceptación.

 También los dos se alojaron en el mismo convento agustino del Socorro, extramuros de Valencia, la víspera de tomar posesión del cargo. Y ya en el ejercicio de su actividad, abrigaron la misma preocupación por elevar el nivel cultural y espiritual del clero valenciano tan bajo en su época, que les movió a fundar con este fin la institución que más ha contribuido a mantener perenne su memoria: Santo Tomás, el Colegio Mayor de la Presentación de Nuestra Señora (1550), en realidad primer seminario sacerdotal del mundo aunque no fuera con este título; y San Juan de Ribera, el Colegio Seminario de Corpus Christi (1605) ya con el título impuesto por el Concilio de Trento. Ambas instituciones erigidas junto al antiguo Estudi General del carrer de la Nau,  para albergar a los estudiantes aspirantes al sacerdocio. El de Sto. Tomás en calle Comedias y el del Patriarca Ribera en la misma calle de la Nave.

Sin embargo, tras 450 años de gloriosa historia del Colegio Mayor de Santo Tomás, con más de 600 ilustres personajes formados dentro de sus muros, en él se truncó la línea gemela de ambos arzobispos. Pues, mientras el del patriarca Ribera continúa inalterable y  majestuoso sin sobresalto alguno, el de Santo Tomás ha sufrido una profunda transformación en su estructura. Tuvo como causa principal los daños que le causó la trágica  "riada" de 1957 y después, en la década de los 60, cuando razones técnicas de seguridad motivada por las termitas obligó a demoler el edificio y reedificarlo. Porque desapareció entonces su tradicional y bella fachada renacentista con su popular iglesia, para resurgir con la moderna construcción que hoy viste. Un cambio radical deficiente en lo artístico, si bien compensado por la fuente de ingresos que para el sostenimiento del Colegio supone el arrendamiento de sus locales en planta baja por entidades bancarias; y los altos, por oficinas de profesiones diversas.

Santo Tomás de Villanueva es el santo que más ha inspirado a los artistas del lienzo, representado siempre en su actitud limosnera, tanto españoles como extranjeros. Su cuerpo yace   separado en el retablo la capilla de su nombre a él dedicada en la catedral de Valencia.  El cráneo en el interior de un busto de plata y el resto en una urna de cristal. Antes estuvo bajo el pavimento de esta capilla, cuya lápida sepulcral aún se muestra, y que también acoge a los arzobispos que fueron  Arias Texeiro (1815-24), Olaechea y Loizaga (1944-66), Roca Cabanellas (1978-92) y el ilustre canónigo Pérez Bayer (1711-94).

       

       Fachada tradicional Colegio                        Fachada actual edificio                 El Colegio hoy en fachada lateral

   

                          La capilla de Sto. Tomás de Villanueva en la catedral

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EL ÚLTIMO DE SOTANA

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL

              La figura del canónigo de la catedral de Valencia más antiguo en el oficio y su Magistral, don Enrique Farfán recientemente fallecido, quizás  poco o nada haya dicho a la mayoría de los informados de la noticia por los medios valencianos de comunicación social. Si no es que son frecuentes visitantes de ella, claro, alumnos o antiguos alumnos de la Facultad de Teología de donde era ilustre catedrático.

              Pero si añadimos al triste suceso que se trata del cura o sacerdote que a diario deambulaba por el centro de la ciudad siempre vestido de sotana, ni siquiera clergyman, ya es otra cosa. Porque la verdad es, que llamaba la atención y extrañaba su presencia a los viandantes con su arcaica vestimenta, desconocida para muchos, pero en tiempo anterior al Vaticano II obligatorio uniforme clerical formando parte del paisaje urbano de cada día.

              Pero, pese a las normas cambiantes, Enrique Farfán no quiso desprenderse de ella. y no porque fuera exaltado tradicionalista, rebelde o indisciplinado eclesiástico -todo lo contrario- sino  atento, bondadoso, accesible, admirado y estimado por todos los que tuvieron algún trato con él. Pero es que, para él, la sotana era delatora de la presencia de un cura en cualquier entorno y proclamación de su voluntad de servicio a disposición de cualquiera que pudiera precisarlo. Tanto es así, que hasta en cierta ocasión el desaparecido cardenal arzobispo García-Gasco llegó a decirle serio, pero sin acritud: "Debéis quitaros la sotana. Aquí en Valencia sólo la visto yo como su arzobispo". Y él, no obstante, sonrió; pero siguió vistiéndola sin más.

              Conocí y coincidí con él en la Facultad de Teología tiempo atrás. Algunas veces también,  cada uno camino de su domicilio, en el bus. Y charlamos y cambiamos opiniones de múltiples temas; aún estando seguro que él no me reconocía como antiguo discípulo de su Facultad ni yo se lo confesé. Simplemente era por su carácter abierto y afable para con cualquiera que a él se acercara.  Una bendición de cura, regalo de Dios.

              Hoy viernes 4 de octubre he asistido a su funeral en la catedral y he esperado la entrada del féretro, recibido por el Deán de la misma y el arzobispo. Muy numerosos los sacerdotes que han acudido para el último adiós. Pero como ya en otro tiempo quería monseñor García-Gasco, nadie vestía sotana. Sólo el arzobispo Osoro.      

                

 

 

Recibimiento del féretro en la catedral por su Deán con ornamentos litúrgicos y el Arzobispo en sotana

(Arriba, Farfán procesionando junto al Arzobispo en la fiesta de la Virgen)

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RELEVO EN LA DIRECCIÓN MUSICAL DE LA IGLESIA DEL PATRIARCA

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL (publicado en LEVANTE, 6 octubre 2013)

 

El pasado día 15 de septiembre tuvo lugar en el Real Colegio de Corpus Christi el tradicional relevo  en la dirección musical de su Capilla (Iglesia del Patriarca). Cesaba al frente de la  misma, superada la edad canónica de jubilación,  el Maestro de Capilla, Emilio Meseguer Bellver, y se hacía cargo de su batuta el también prestigioso músico valenciano, Salvador Doménech Barrachina.

 Es bien conocido por la sociedad valenciana el acerbo musical religioso que atesora la institución del Patriarca y que diariamente muestra en su Capilla con el canto del Oficio Divino y celebración de la misa conventual, por lo que respecta al gregoriano. Y en la interpretación por su coral polifónica de misas y oficios de consagrados autores españoles y extranjeros  acompañados al órgano, en las grandes solemnidades.  Pero lo que sin duda ya no tan conocido es la tradicional línea de sucesión que históricamente suele  producirse en esta dirección musical. Y es, que tanto el Maestro de Capilla saliente como el nuevo entrante han pertenecido a la institución desde niños; de manera que, inicial y musicalmente se han formado en ella,  adquirido gusto, práctica y admiración por el oficio, acabando por ser grandes especialistas del género e inspirados compositores de obras religiosas.

 Así, Emilio Meseguer ingresó en el Patriarca como infantillo en 1944 con 10 años de edad, de donde pasó luego al Seminario de Valencia para realizar los estudios eclesiásticos. Y, especializado en música, fue Director de la "Schola Cantorum" del Seminario Metropolitano y ya sacerdote, Director de la "Escolanía de la Virgen" con la que llegó a interpretar la "Pasión de San Mateo" de J.S. Bach, acompañado por la Orquesta Municipal de Valencia. Pero volviendo en 1977 a reincorporarse al Patriarca, ya como capellán 1º  y Maestro de Capilla de su Coro  durante 36 años,  cargo en el que sucedió al inolvidable José Estellés, fundador de la Escolanía de la Virgen.

En cuanto a Salvador Doménech, también ingresó como infantillo del Patriarca   en 1953 con 12 años de edad, pasando luego al Seminario de Valencia donde llegó a ser profesor de música y de canto gregoriano. Igualmente estuvo dirigiendo durante varios años su "Schola Cantorum", a la vez que fundaba el "Coro San Juan de Ribera" de Alfara del Patriarca. Amplió luego estudios en la "Escuela Superior de Música Sacra", de Madrid-Salamanca; y en el "Conservatorio Musical de Valencia". Profesor de música en las "Escuelas Pías" de Valencia, fundó la "Coral polifónica Familiar Calasanz" con la que ha dado  varios conciertos en España y en el extranjero. Es conocido y admirado compositor de muchas piezas musicales, tanto corales  como orquestadas,  entre las que sobresalen dos oratorios: "El Triunfo de la esperanza", sobre la vida de San José de Calasanz; y "De don Juan a San Juan de Ribera" compuesta en 2011 con motivo de la celebración del IV Centenario de la muerte del Patriarca.

 Ha sido un relevo con características quizás irrepetible en la historia; ya que en la década de 1960 desapareció del Patriarca la tradicional y valiosa figura formativa del infantillo, de la que han quedado en la actualidad activos ambos Maestros de Capilla mencionados y desde 1972 su Maestro Organista, Vicente Ferrer, compositor y  profesor de varios Conservatorios.

El Maestro de Capilla, Emilio Meseguer, dirigiendo la Cloral del Patriarca en la festividad  de la Octava del Corpus 2012 

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DIOS NO LO QUIERE

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL(publicado en LEVANTE, viernes 13 septiembre 2013)

               Con gran asistencia de fieles celebró el arzobispo Osoro en la catedral, el pasado domingo, la misa vespertina por el “no a la guerra” en el conflicto que está sufriendo Siria. Acto central de la jornada de ayuno y oración promovida por el papa Francisco en todo el mundo católico a este fin, bajo el lema de “Dios no lo quiere”; y a la misma hora que tenía lugar en la plaza de San Pedro de Roma abarrotada de pública con la intervención del mismo pontífice. Pero ¿habrá servido de algo ante el firme propósito del presidente norteamericano de intervenir aún sin contar con el apoyo de la ONU? Tuve ocasión de escuchar más de una opinión negativa de los  asistentes a la finalización del acto, si bien alabando la iniciativa del papa por su valor simbólico.   

             Yo aún recuerdo una iniciativa similar de Juan Pablo II diez años atrás con motivo de la celebración anual de la Jornada Mundial de la Paz, que siempre se reduce a la práctica también del ayuno y la oración. Y reconocía entonces el papa que, a pesar de venir celebrándose tal jornada desde su institución en 1968 por Pablo VI, poco se había avanzado en el tema. Más bien empeorado, recordando los sucesivos conflictos de Kosovo, Afganistán e Irak. “¿Es que el mundo no quiere la paz?”, se preguntaba,  “¿O es que el hombre se ha abandonado al fatalismo como si la paz fuera un ideal inalcanzable?” Y él mismo respondía: “Nadie se atrevería a afirmarlo; pero lo que sucede es que la paz verdadera no se consigue sin una educación de la paz. Una educación personal que se lleva a cabo en el interior de la conciencia de cada individuo con esfuerzo y sacrificio”.

 Pues esta misma línea de doctrina es la que el arzobispo de Valencia siguió en su firme y clara homilía del acto. Una educación para la paz que por él pasa por considerar “al otro”, como a un hermano; lo que realmente somos  todos porque todos somos hijos de Dios. Y con un  hermano se habla, se entrevista, se pacta… E invitaba a los asistentes a hacer ejercicio de esta consideración en casa con la familia, en el trabajo con los compañeros, en cualquier relación humana. Tarea nada fácil si tenemos en cuenta que vivimos y toleramos los tiempos más violentos que jamás ha habido. Por los avances técnicos y sofisticación de las armas destructivas, y la implantación de una cultura global de la violencia y la corrupción.

 Pero es que el “no a la guerra” y el “Dios no lo quiere” no es ese pacifismo cómodo del que se puede alardear en la calle. Sino el resultado de una cotidiana lucha interior que cada uno debe mantener contra los propios instintos y ambiciones que le inducen al odio y la venganza, hasta conseguir que aflore la bondad individual y el amor a los demás. Este es el tesoro que hemos de conseguir y guardar en nuestro corazón, en palabras del arzobispo Ososo. Y lo que, por otra parte, cantaba el gran poeta sevillano, Antonio Machado,  en uno de sus versos: “Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas”.


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 ¿CUÁNDO SAN VICENTE FERRER DOCTOR DE LA IGLESIA?

          Doctor de la Iglesia es un título que la curia vaticana otorga a algunos santos cuya doctrina representa “la fe común de la Iglesia creída en todas partes, siempre y por todos”. Una función que corresponde a la Iglesia basada en estas palabras de San Pablo: “Puso Dios en la Iglesia (a sus miembros) primeramente como apóstoles, en segundo lugar como profetas y en tercer lugar como maestros” (1 Cor. 12, 28). Y maestros son estos nominados Doctores, a los que el papa Bonifacio VIII (1298) distinguió litúrgicamente consagrándoles una misa propia, como tienen los apóstoles y evangelistas. Pero,  para alcanzar este galardón el santo que se pretenda lo obtenga, es condición necesaria que reúna estas tres cualidades: santidad de vida, pureza de doctrina y ciencia sagrada en grado eminente.   

          Pues bien;han transcurridoyaveinte años desde que el Capítulo de Caballeros Jurados de San Vicente solicitara al arzobispo anterior, Garcia-Gasco, en acto solemne celebrado en la catedral el día de su festividad, el inicio de gestiones en Roma para conseguir la declaración  de Doctor de la Iglesia para nuestro paisano y patrono, San Vicente Ferrer. Una pretensión muy lícita de este Capítulo, ya que forma parte de su actividad asociativa formalmente aprobada en 1972: "promover toda clase de actos que ayuden a engrandecer la figura de San Vicente Ferrer". Y también muy fundada, puesto que San Vicente Ferrer goza sobradas muestras de cumplir las tres condiciones requeridas: santidad, por su canonización hace 558 años por el papa valenciano Calixto III con el reconocimiento de 860 milagros, record sin comparación  con ningún otro proceso habido en la historia; pureza de doctrina,  de lo que da testimonio sus sermones que le valieron los títulos de “Ángel del Juicio” y “Apóstol de Europa”; y en cuanto a ciencia eminente, como profesor de Teología en la escuela catedralicia de Valencia, por la fama de sus lecciones y de las varias obras que dejó escritas que ya le valió ser nombrado Maestro de su Orden y del Sacro Colegio en la corte papal de Aviñón.

            Sin embargo, el arzobispo-cardenal García-Gasco no lo pudo conseguir,  a pesar de que en su palacio tuvo albergado en 2006 al ahora dimitido pontífice Benedicto XVI  con motivo del celebrado en nuestra ciudad V Encuentro Mundial de las Familias. Informándole  personalmente de esta justa pretensión valenciana y del perjuicio que la historia había ocasionado al santo centrando el mérito de su figura solo en el número y espectacularidad de sus milagros; pero pasando por alto que con su magia verbal y profética fue el mejor predicador de su tiempo, más un sabio teólogo y un convincente apaciguador en aquella Europa, política y religiosamente dividida por el cisma, que recorrió evangelizando.

            Precisamente para compensar este perjuicio, nuestro Ayuntamiento se ha venido volcando en la última década en divulgar su verdadera personalidad sacando a la luz toda su obra. En 1995 editó “El pensamiento filosófico de San Vicente Ferer”, recopilado por el dominico,  M. Beucot;  en 1996, “Obras  y escritos de S. Vicente Ferrer”, más la “Colección de Sermones de Cuaresma y otros según el manuscrito de Ayora”, del también dominico, Adolfo Robles; y en 2003, el “Sermonario de San Vicente Ferrer” cuyo original, como preciosa reliquia, guarda el Colegio del Patriarca de nuestra ciudad, comprendiendo los predicados en Morella ante el Papa Luna y el rey Fernando I de Aragón.

            Que pasara de estas iniciadas gestiones la curia vaticana,  para seguidamente proclamar doctores al sacerdote español San Juan  de Ávila (1499-1569) y a la monja benedictina alemana, santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), aún reconociendo sus indudables méritos, muestra una extraña desatención para con  nuestro santo patrón, cuya enmienda  esperamos los valencianos que consiga la insistencia en el tema nuestro actual arzobispo, Carlos Osoro.  Aunque si así no fuera, la tradicional representación de sus milagros en los altares que cada año se montan en la calle continuará sirviendo para mantener vivo su recuerdo. Al menos a nivel popular y en su tierra natal.  

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     DOS IMPORTANTES RELIQUIAS DE SAN VICENTE FERRER,  GRACIAS A DOS FERVIENTES DEVOTOS

            En la historia de la devoción a nuestro paisano y patrón, San Vicente Ferrer, por encima de todos los innumerables admiradores que ha tenido en Europa, sobresalen las figuras del general abulense don Juan del Águila, jefe de los tercios españoles en Vannes; y la del arzobispo de Valencia, Patriarca San Juan de Ribera. Porque gracias a ellos nuestra ciudad cuenta con dos importantes reliquias del proclamado Ángel de la Paz y Apóstol de Europa, ya que no su cuerpo entero sepultado en la catedral de Vannes donde le acaeció la muerte el 5 de abril de 1419. Y no porque su ciudad natal dejara de intentarlo; pues lo hizo en dos ocasiones recurriendo a la mediación de los reyes de Francia y de España. Pero sin resultado.

            La primera fue en 1525, de paso por Valencia el rey francés, Francisco I, camino de Madrid. Había perdido la guerra que mantenía con España y hecho prisionero en Pavía. Pero ello no impidió que los Jurados de la ciudad le agasajaran y pidieran su intervención para recuperar el cuerpo de nuestro santo patrón. El rey les atendió agradecido, expidiendo la correspondiente cédula real que luego no acataría el obispo de Vannes. Y la segunda en 1592, mediando entonces Felipe II, quien envió al caballero don Diego Maldonado con una misiva personal al duque de Mercoeur, gobernador de Bretaña, demarcación a la que pertenecía Vannes. Pero fue igualmente desoído.

            Sin embargo, seis años más tarde, por propia iniciativa y llevado de su gran devoción a San Vicente Ferrer, conseguía una importante reliquia de su cuerpo dicho general del tercio destacado en Vannes, Juan del Águila. La había pedido directamente a los canónigos de la catedral sin obispo entonces, por estar la sede episcopal vacante. Y le dieron un pedazo de costilla, en agradecimiento a la valiente defensa de la catedral y demás iglesias que había llevado a cabo, en la guerra mantenida por la Liga Católica contra los protestantes aliados de Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda. Y Juan del Águila envió esta reliquia con su mayordomo, Lamberto Firis, a los Jurados de Valencia para que la entregaran a su arzobispo, que lo era Juan de Ribera. Hoy esta reliquia está en la catedral y el ferviente militar que la consiguió y donó yace -en su sepultura de piedra, en el interior de la iglesia parroquial de El Barraco (Ávila), de donde era natural.

            Pero en 1601 el mismo Patriarca arzobispo, deseando tener otra importante reliquia en la Capilla del Colegio que estaba erigiendo entonces, recurrió a su amigo el arzobispo de París, cardenal Gondi, cuyo hermano estaba al servicio de la reina de Francia, María de Médicis, pidiendo su mediación para obtenerla. Ella autorizó la entrega. Y abierta nuevamente la sepultura, se extrajo “la canilla segunda de la pierna entera y un pedazo de mortaja” que, con la firma de la auténtica, entregaron los canónigos a los dos sacerdotes que envió el prelado valenciano a recogerla. Hoy la reliquia está en la iglesia del Patriarca, en uno de cuyos muros se reproduce la escena de la multitudinaria recepción que en la Puerta de Serranos le tributó la ciudad. Ambas reliquias pueden ser visitadas y admiradas en sus lugares de reposo

La reliquia de San Vicente Ferrer que obtuvo el Patriarca por mediación del cardenal arzobispo de Paris

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FIESTA EN LA IGLESIA DEL PATRIARCA A SU FUNDADOR

 

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL  (publicado en diario LEVANTE en 14 enero 2013)

             Hoy celebra la Iglesia valenciana, pero con especial solemnidad la erigida por él en la calle de la Nave conocida por "la del Patriarca", la fiesta del que fue 42 años su arzobispo (1569-1611), San Juan de Ribera. El  más grande de todos los tiempos. Porque fue, además, político eminente que como Virrey logró solucionar el grave problema de los moriscos; extraordinario Capitán General que reorganizó el ejército y lo  dotó de nuevos cuarteles y pertrechos; y prudente consejero de los reyes Felipe IIy Felipe III, en la época gloriosa que España era la primera potencia. Su fama se extendió por todos los rincones como “lumbrera de España” en palabras del papa San Pío V.

            Sin embargo, a nivel popular, no es recordado por estas importantes facetas. Ni siquiera en Valencia, donde la mayoría ignora incluso sus heroicas virtudes cristianas de austeridad de vida, oración, atención a los pobres y fundador de órdenes religiosas que lo elevaron a los altares, beatificado por Pío VIen 1796 y canonizado por Juan XXIIIen 1960. Al Patriarca se le conoce en el mundo entero, casi exclusivamente, por su monumental “Real Capilla y Colegio Seminario de Corpus Christi” y su extraordinario amor a la Eucaristía que le movió a erigirla. Para que hubiera un lugar en la tierra donde se le diera el culto debido. Y no existe otro igual.

            A muchos extraña este calificativo “Real” del título. No es alarde. Lo añadió el Patriarca al aceptar el rey Felipe II, para él y sus sucesores, el patronazgo sobre la fundación; fielmente ejercido a través de los siglos como acredita el contenido de cartas reales que guarda el Archivo de su Colegio. Sólo en el período 1931-1939, de los 408 años de historia que tiene cumplidos, perdió este calificativo. Y fue por voluntad de sus Rectores al sospechar una forzada imposición cuando se proclamó la  República Española. Acuerdo que tomaron el 26 de mayo de 1931 con estas palabras: “Juzgamos prudente que al tener que nombrar pública u oficialmente esta gloriosa Fundación, se diga “Insigne Colegio o Capilla de Corpus Christi, en vez de Real Colegio o Capilla...” Y que fue revocado en 30 de mayo de 1939, finalizada la contienda civil española, “habiendo desaparecido las causas que aconsejaron tal determinación, se le devuelve el nombre de Real Capilla y Colegio que le dio su fundador”.

            Pero este patronazgo no supuso merma alguna para las arcas reales; porque la obra fue costeada y mantenida íntegramente por el Patriarca, invirtiendo el cuantioso patrimonio heredado de su padre, Virrey de Nápoles. Y así pudo disponer con toda libertad el gobierno de su fundación con arreglo a unas Constituciones dictadas por él, como un testamento sobre sus bienes particulares. Con aprobación de la Santa Sede. Para que nunca nadie se atreviera a alterar el fin y la forma que dispuso en el culto al Santísimo Sacramento, fuera de los Rectores Perpetuos que la gobernasen. Porque era como su casa particular y  a ella se fue a vivir los seis últimos años de su vida.

          Hoy, pese a la desamortización de muchos de los abundantes bienes que dotó el santo a su  fundación para su sostén y a la venta de otros por necesidad, sigue manteniéndose con admirable prestancia. Es el oculto milagro del Patriarca que supo transmitir su propio espíritu a los herederos de su obra, sus sacerdotes Rectores, que cargan con la responsabilidad de esta casa de Dios Sacramentado. Y que, como su biógrafo P. Cubídejó escrito: “Mientras Valencia conserve la devoción al Santo Sacramento que tanto la distingue, no faltarán sacerdotes ni seglares fervorosos que sustenten el templo de Ribera”.

 

En la  comida de celebración del pasado año, el  valenciano Cardenal Carles, antiguo colegial del Patriarca, junto con el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro; también el arzobispo de Mérido-Badajoz, Santiago Aracil; y el obispo de Ibiza, Vicente Juan. Este último valenciano y antiguo colegial, mientras que monseñor Aracil, igualmente valenciano, fue capellán maestro de ceremonias de la Capilla del Patriarca

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EL MILAGRO DE LOS REYES MAGOS

 

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL          

No es cuento fantástico para una noche de sueños y despertar de regalos más o menos esperados; sino una verdad histórica de hace siglos aunque no disipe la duda sobre su existencia. Porque ahora resulta sospechoso para muchos comentaristas que, la espectacular llegada a una insignificante aldea, como era entonces Belén de Judá,  de una larga y exótica caravana de unos Magos de Oriente (para el papa Ratzinger de Tartessos=Andalucía) solo fuera narrada por San Mateo y pasara desapercibida para los otros tres evangelistas. Tan sospechoso como la carga de simbolismo que añadió a la escena con ofrecimiento de regalos al divino bebé: oro como a rey, incienso como a Dios y mirra como a condenado a muerte; más la aparición de una estrella itinerante en un tiempo que la astronomía rechaza por imposible.

Aunque también es verdad que, para los filólogos, la palabra “estrella” del evangelio debe entenderse en el sentido griego de “fenómeno astronómico”, que hace referencia al que origina la luz zodiacal en lugares de cielo puro y limpio de Oriente. Y que los Magos, sabedores del salmo LXXI del rey David:  “Los reyes de Tarsis traerán tributo y los reyes de Saba se postrarán ante él ofreciéndole presentes”, quisieron ser los protagonistas de este texto en un tiempo que el mundo estaba expectante por el nacimiento de un gran personaje, como atestigua el historiador romano Tácito: “Había una general persuasión de que en poco tiempo, saldría de Judea quien regiría todo el universo” (Hist. V, 23).

Lo cierto es que, sobre los Magos se ha fraguado una leyenda convertida en tradición popular a través de los siglos.  Así, que eran descendientes del gran adivino Balaam; que eran tres en representación de las etapas de vida del hombre (niñez, adulta y ancianidad); que regalaron a Jesús las monedas de oro acuñadas por Terah, el padre de Abraham, y las mismas con que José compró  en Saba los perfumes para embalsamar el cuerpo de su padre Jacob; que sus nombres, escritos en una cinta atada a la muñeca, preservan de la epilepsia; que años después se hicieron cristianos y fueron bautizados por Santo Tomás en un viaje que hizo a la India. ¡Y que sus restos se guardan en la catedral de Colonia!

Pero al margen de la duda para muchos razonable de su presencia en Belén, no se puede negar la verdad histórica del gran milagro que obraron allí siglos después de su visita evangélica. Y es que, salvaron de la destrucción total a la Basílica del Nacimiento edificada en el año 330 `por Santa Elena, madre del emperador Constantino, para guardar el lugar donde nació Jesús. Una magnífica fortaleza en la que figuraban representados  en el muro de su fachada los reyes Magos. Porque en el año 614, tan pronto los persas conquistadores de los Santos Lugares se acercaron a la Basílica para destruirla y se apercibieron de esta representación en la fachada, frenaron sus impulsos demoledores. Porque creyeron que se trataban de reyes antepasados de su raza que habitaron allí, ya que vestían ropajes persas; y, respetando el lugar, desistieron de destruirlo. Este es el Milagro de los Magos que permitió que la Basílica del Nacimiento sea el único monumento de su época que sigue en pié en nuestros días. Todos los demás fueron arrasados, aunque posteriormente reconstruidos.

Sin embargo, después de la modificación queJustiniano I introdujo en la Basílica añadiendo tres ábsides al “atrium” primitivo, esta representación de los Magos ya no queda a la vista. Si bien, en la última visita que realicé a Belén en 1998, los franciscanos custodios de los Santos Lugares me aseguraron que tenían intención de reproducirla en la fachada actual. Como homenaje.

Vista de la Basílica del Nacimiento de Belén

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El sentido de la Navidad

 J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL  (publicado en LEVANTE en 26 diciembre 2012)

             "Regocíjate, alégrate, goza de corazón  y grita de júbilo", porque llegó la anunciada Navidad. Esta es la antífona litúrgica de la festividad cristiana más cantada, extendida y arraigada de todo el calendario de la Iglesia. La que sobrevive a todos los escepticismos religiosos, reúne en común jolgorio y celebra con igual champán tanto creyentes como no creyentes. Porque, a pesar de las dudas sembradas por el papa actual ¿quién no guarda en algún rincón de su memoria esa tierna imagen del niño Jesús recostado en un pesebre de Bethleem, calentado por el suave aliento de una mula y un buey,  en el marco de un establo señalado por la luz de una estrella?  O  ¿en qué corazón no resuena ese coro de ángeles cantando el primer villancico de la historia: "Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad"?

            Es cierto, como se viene afirmando en la última década, que en buena parte de Europa  y hasta por los propios cristianos  se ha perdido el verdadero sentido religioso de la Navidad. Que ha quedado convertida en otra fiesta profana más. Y en palabras del prestigioso cardenal alemán, Karl Lehmann, basadas en su experiencia de veinte años al frente de la Conferencia Episcopal Alemana: "La Navidad es hoy como una gran feria de los negocios y el momento del año para un mundo consumista; donde emerge a la vez una vaga nostalgia de recuerdos de niñez y un sentimiento de barata devoción".

            Sin embargo, y a pesar que lo mismo podría decirse de España  -cada vez menos "diferente" como reza su típico slogan publicitario, por el fenómeno de la globalización-  resulta evidente  que la Navidad de este año 2012  se muestra al menos más cargada de sentido y con sabor más entrañable. Sobre todo, más solidaria por el  número de aportaciones de la sociedad, tanto a nivel individual  como  colectivo, a bancos de alimentos, centros de atención primaria, cáritas parroquiales, etc.,   colaborando en la tarea de paliar tan variada necesidad que parece haberse extendido imparable.

            Escribía San Ireneo que "la gloria de Dios es que el hombre viva"; pero que "viva en una plenitud que empieza por la vida natural", como añade en su mensaje navideño Casimiro López,  obispo de Segorbe-Castellón.  Y que nos obliga en este tiempo de crisis que sufrimos "a extender la mano para levantar al caído, a acoger al que sufre soledad, pobreza, paro o marginación... a dar razones para vivir y para la esperanza".

 

                           

                                Figuras del nacimiento de Jesús, del belén del Patriarca

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EL "ARRINCONADO" PATRÓN DE VALENCIA

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL  (publicado en LEVANTE en  5 diciembre 2012)

Cuando llega el verano y la TV valenciana empieza a mostrarnos imágenes de campos sedientos de agua, cuarteada su tierra, no puedo menos que añorar al tercer patrón de Valencia, San Mauro, y épocas pretéritas; cuando se confiaba más en lo alto. Porque nuestro reino contaba entonces con un remedio seguro contra la «grave seca» que, como siempre, amenaza arruinar nuestra huerta. Y no era otro que «els Jurats de la Ciutat» acudiesen en «rogativa» de lluvia a San Mauro para que evitara el temido desastre. Nunca falló, según la historia.

Esta «rogativa» tenía lugar en la iglesia del Patriarca que guarda su cuerpo, decapitado en la persecución romana del año 282 contra los cristianos, por orden del emperador Numeriano. Por una parte su cabeza, en un busto de plata; y por otra el resto del cuerpo, en un rico arcón de madera. Su Consueta recoge el ceremonial que se observaba: «Cuatro capellanes llevan el arcón y detrás el preste la cabeza... la cruz patriarcal primero con dos ciriales. Salen de la sacristía en procesión, dan la vuelta al crucero y suben al altar donde ha de estar el cuerpo y la cabeza ocho días. Dicen tres oraciones: la primera del santo, la segunda por la lluvia y la tercera del Santísimo Sacramento. Luego la misa. Al cabo de ocho días se torna el santo a su capilla cantándose el ´Te Deum´, porque ha llovido». Y acaba el capítulo con la siguiente nota: «Siempre que se le ha sacado, Dios ha enviado agua por medio de este santo mártir».

Ya sé que el laicismo dominante de la sociedad, con su trueque de valores, acabó por arrinconar al santo patrón, «abogado del agua de la lluvia». Hoy ningún edil se arriesgaría a solicitar, como antaño, tales rogativas por muy apurada que fuera la situación. Si bien podían, al menos, comparecer en los actos celebrativos que en su honor tienen lugar en la iglesia del Patriarca. Aunque solo fuera por honrar la memoria de sus antecesores que por unanimidad votaron tal patronazgo el 7 de junio de 1631 y se beneficiaron de él durante dos largos siglos (1606-1809). Porque ellos nunca faltaron con una espectacular escolta de soldados y tañer de timbales, entre volteo de campanas. Para mayor realce de la fiesta.
Pero hoy, a pesar del oficial y secular desaire, San Mauro no pierde su fiesta porque aún le queda otro patronazgo que celebrar; y éste, más íntimo e in perpetuum (para siempre). Y es el del Colegio del Patriarca y el de sus colegiales becarios, por decreto pontificio de abril de 1599 de Clemente VIII. Cuando el mismo papa le regaló al entonces arzobispo de Valencia, Joan de Ribera, el cuerpo del joven mártir romano de 15 años de edad para que fuera venerado en su Real Capilla que estaba erigiendo. Para que el coraje, valentía y fortaleza en la fe mostrados en su martirio sirviera de ejemplo a sus también jóvenes colegiales.

Pero este año, la capilla de San Mauro en la iglesia del Patriarca presenta una admirable novedad. Y es que su dorado retablo que albergaba antes solo el arcón con su cuerpo, mientras que la cabeza permanecía alejada en el hermoso armario de las reliquias, ahora cobija ambos sagrados restos. En la parte superior, el busto de plata con su cabeza; y en la parte inferior el rico arcón forrado de terciopelo rojo. Porque, si dos siglos permanecieron separados por razón de tener más a mano la cabeza para las «rogativas» por la lluvia, otros dos siglos transcurridos sin recurrir a ellas es tiempo suficiente para sospechar que no se volverán a repetir. Aunque no por ello el joven patrón nos privará de su protección, como reza el canto de sus «Gozos» compuestos por el mismo San Juan de Ribera: «Que a Valencia hayáis venido/ el mismo Dios lo ha guiado,/ pues su Vicario os ha dado/ y un cardenal ha traído./ Y pues nuestra ciudad honráis/ oh, ciudadano excelente,/ que su paz y bien se aumente/ os rogamos que pidáis/»

 

  Capilla de San Mauro en la Iglesia del Patriarca   y  en plano más cercano su retablo donde se aprecia mejor en la parte superior el busto de plata que contiene su cabeza; y en la inferior, el arcón de madera forrado de terciopelo rojo con el resto del cuerpo. 

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LA SANTA HISPANIDAD

J. Antonio Domenech Corral

Siempre tuve por exagerado el libro de Historia de mi época de estudiante, recreándose en la maravillosa empresa de la España descubridora y evangelizadora del Nuevo Mundo. También las extraordinarias virtudes de sus realizadores, paradigma de todo español. Una especie de leyenda rosa de aquella pasada etapa de efervescente nacionalcatolicismo. Pero también por falso las acusaciones vertidas por naciones envidiosas de esta grandeza, creadoras de una leyenda negra paralela que aún perdura en nuestros días. Ahí quedan si no las voces que exigieron a la Iglesia que pidiera perdón en la última celebración, V centenaria (1992), del descubrimiento de América. Por el genocidio de indios que perpetraron sus hijos, los conquistadores españoles. Lo peor es que las denuncias se basan en el libro del dominico español de la época, Bartolomé de las Casas (1474-1566), titulado: “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. Aunque lo mejor viene ahora; y es que este sevillano ha sido propuesto para ser elevado a los altares, abierto su proceso de beatificación en el arzobispado de Sevilla.

Y digo es lo mejor, por la investigación exhaustiva que sigue la Iglesia sobre el aspirante a beato cuando los años desde su muerte imposibilitan la comparecencia de testigos; y en este caso han transcurrido 436. De modo que algún juicio sobre la epopeya española en América resultará de este proceso; y si es favorable, su consecuencia inmediata será la apertura en cadena de otros nuevos. Pero no ya de misioneros que en la actualidad suman 31 en los altares; sino de simples soldados de increíble religiosidad que sacrificaron su vida, además que en aras de la aventura, gloria y riqueza, por llevar la fe cristiana a las nuevas gentes. Ejemplos tenemos en Hernán Cortés, que decía sentirse pagado con que Dios lo hubiera elegido para una empresa cuyo éxito solo a Él podía atribuirse. En Bernal Díaz del Castillo, que definía a sus soldados como “los primeros Apóstoles de Cristo en aquellas tierras”. O Alonso de Aguilar, que entronizó la imagen de la Virgen que portaba consigo en una cabaña que él mismo levantó en Camagüey (Cuba), primer oratorio mariano de América. Hasta al mismo Colón podría abrirse proceso, dos veces propuesto como beato a los papas Pío IX y León XIII con el apoyo de 850 obispos. Porque el de Isabel la Católica está en camino.

Sin embargo, que de las Casas diera pié a la difamación contra España al calificar destructiva su obra en América por someter a esclavitud a los nativos, “ningún historiador que se precie puede tomar en serio”, en boca del historiador norteamericano William Maltby. Porque la verdad es que fue pecado imputable sólo a “criollos” y “mestizos” que arribaron tras los conquistadores. Y esto era sabido del dominico que durante varios años utilizó el mismo brutal método que luego denunciaría, en una plantación heredada de su padre, compañero de Colón.

El caso es que, ordenado cura y abrazado el estado religioso, se convirtió luego en defensor de los indígenas hasta realizar 12 viajes a España para presentar sus denuncias al rey Carlos V. Y siempre recibido, consiguió su amistad personal, el título de “protector de los indios”, la redacción de “Nuevas Leyes” proteccionistas y hasta ser nombrado obispo para gozar de autoridad frente a los funcionarios reales del Nuevo Mundo. Al menos compensó parte del daño que hizo, dando pie a dejar patente la preocupación de España por los nuevos súbditos ganados y que hoy constituyen la cristiandad más numerosa de la Iglesia católica.

Descubrimiento de América por Cristóbal Colón

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FIESTA TITULAR EN LA CATEDRAL DE VALENCIA:

La Virgen de la Seo o Asunción

J. Antonio Domenech Corral

Celebra la catedral de Valencia, cada día 15 de agosto, la fiesta de su titular, Nuestra Señora de la Seo (de la catedral), ya que el término “seo” que proviene del latín “sedes” significa “residencia”; y en los primeros siglos se aplicaba a todas las catedrales por ser el lugar de residencia y ejercer el culto los obispos.

Por el cronista y canónigo Sanchis Sivera, en su "Historia de la Catedral de Valencia" , sabemos que "en el siglo VI nuestra ciudad contaba ya con esta denominada también Iglesia Mayor de dimensiones más reducidas que la actual; pero al no haber documento que lo acredite, lo seguro es que el rey Jaime I después de conquistar la ciudad a los moros el 9 de octubre de 1238, purificó su mezquita mayor encargando a Juan Pintor la construcción de un altar sobre el que colocó el cuadro de la Virgen que portaba siempre consigo. Y al día siguiente el arzobispo de Tarragona que le acompañaba, Pedro Albalat, celebró la primera misa en ella; tras la cual la erigió en catedral bajo el patrocinio de esta Virgen con el título de "Nuestra Señora de la Seo", nombró sus primeros trece canónigos y a Fr. Berenguer de Castellbisbal su obispo”.

Pero también sabemos que este título de la Virgen hacía referencia al de su Asunción, porque los mismos canónigos lo hicieron público en 1356, al fundar con aprobación del obispo Hugo Fenollet una cofradía para socorrer a los sacerdotes pobres con el mismo título; pero completado ahora con el aditamento "en el misterio de su Tránsito y Asunción". Es más; fijaron la celebración de su fiesta el 15 de agosto y en 1372 introdujeron la costumbre de sacarla en procesión por las calles con la novedad de hacerlo a la manera de las iglesias de oriente; es decir, con la imagen de la Virgen en posición yacente o "gitadeta" (en valenciano), y no erguida rodeada de ángeles entre nubes subiendo a los cielos, como era lo habitual, siendo muy estimada por todos los reyes de la Corona de Aragón.

Y fue tan rotundo el éxito de esta cofradía al permitir en 1374 el obispo Jaime de Aragón, nieto del rey Jaime I, que se incorporaran a ella no solo eclesiásticos sino también hombres y mujeres seglares, que a los 30 años de fundarse había acumulado tal cantidad en limosnas que pudo comprar algunas casas para erigir un hospital -la actual Residencia Sacerdotal “San Luis Bertrán”- y su Capilla –hoy Iglesia del Milagro en restauración- en la calle Trinquete de Caballeros. Iglesia que guarda la Virgen “gitadeta” que cada año saca en procesión el cabildo de la catedral en la fiesta de su titular. Procesión que es la más antigua de Valencia y fiel a una liturgia tradicional que empezó ayer tarde, con el canto de las primeras vísperas y de unos "gozos" a ella dedicados escritos en latín por el que fuera su más ferviente devoto, el papa valenciano Calixto III (Alfonso de Borja) cuando era obispo de Valencia (1429-32). “Gozos” que dispuso fueran cantados no solo este día en la catedral, sino todos los sábados del año en todas las iglesias de la diócesis. Y de todo el mundo cristiano, cuando accedió a la sede de Roma como pontífice (1455-58). Costumbre que aún mantienen algunas parroquias de Xátiva, su ciudad natal.

Mientras que la fiesta principal sigue esta mañana con el canto de "laudes" a las 9,30 horas y la recepción de la "gitadeta" y sus clavariesas en la puerta principal de la catedral, para su asistencia a la misa solemne. Finalmente por la tarde a las 19 horas discurrirá su corta procesión, que no es más que un cortés acompañamiento de devolución de la imagen al lugar donde permanece alojada todo el año, por miembros de la asociación “Grup de Mecha” vistiendo atuendos como el de los apóstoles.

  La Virgen de la Seo procesionando hacia su "residencia"

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EL DIA DEL TRABAJO ¿FIESTA TAMBIÉN RELIGIOSA?

J. Antonio Domenech Corral  

Es innegable que el trabajo humano, en lo religioso según la Biblia, guarda cierto sentido de castigo. Se deduce de las palabras de Yahveh a nuestros primeros padres nada más cometido el pecado de desobediencia al comer la fruta prohibida: "Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado" (Gen.3, 19); es decir, con tu trabajo. Y no obstante, para la Iglesia el trabajo ha sido siempre un medio de santificación, una penitencia que bien llevada puede conducir al hombre al cielo; y el mejor exponente de su dignidad como persona porque, ocupado en él, colabora con Dios en la creación y conservación de este mundo. Es su doctrina. Y consecuente con esta doctrina, le ha proclamado un patrón universal nada menos que en la figura del padre de Jesús, San José, el obrero o "tecton" en la versión griega; el técnico al servicio de todos que con su trabajo le es suficiente para sostener y educar a su familia. Como debe ser. Y hasta le ha señalado un día de celebración como fiesta solemne.

Ya sé que a estas alturas todavía sigue en esbozo en la Iglesia una verdadera teología del trabajo que clarifique toda clase de dudas que suscita el tema; a pesar de lo mucho que su doctrina social ha argumentado en favor de los trabajadores. Sobre todo desde mediados del siglo pasado en las admirables encíclicas de los pontífices: Juan XXIII ("Mater et Magistra", 1961); Pablo VI ("Populorum progressio", 1967); Juan Pablo II (Laborem exercens", 1981); y el capitulo 2º de la constitución pastoral "Gaudium et spes" (1965) del Vatricano II, titulado "la condición humana". Quizás poco conocidas por poco divulgadas. Pero es que, el hombre actual no contempla el trabajo como un castigo o una penitencia; al contrario, lo considera el mejor de los regalos que le permitirá vivir adecuadamente, si no con holgura. Ni tampoco entiende su celebración como una fiesta en los años críticos que vivimos, cuando se barajan calamitosas cifras de familias desestructuradas, algunas con todos sus miembros en desempleo y agotado cualquier tipo de ayuda estatal.

Es cierto que hay muchas cosas que fallan en la ordenación laboral y hasta moral de nuestra sociedad. Y muchos los responsables de esta falta de ordenación que se impone solucionar por encima de intereses particulares de cualquier grupo partidista o de presión. Pero mientras subsista el problema y hasta que se acierte con la clave que lo reduzca, cualquier ciudadano de a pie puede ayudar a paliarlo colaborando en alguno de los programas existentes con este fin. La misma Iglesia tiene algunas organizaciones, siendo CARITAS la más conocida y recurrida. Y si, como se dice y escribe, una de las cualidades que caracterizan a la sociedad actual es la solidaridad, hemos de ser capaces de poner rostro a los datos que denuncian el drama humano que se está dando en buena parte del mundo laboral. Y ayudar a socorrerles. Porque sólo cuando esperanzados comprobemos que este drama toca a su fin, consideraremos entonces adecuado celebrar la fiesta del trabajo.

Una manifestación de trabajadores en su fiesta reindicativa

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EL FERVOROSO Y  ESPECTACULAR CORPUS VALENCIANO

 J. Antonio Domenech Corral

Si las manifestaciones artísticas de un pueblo son reflejo de su cultura, las religiosas lo son de su hálito espiritual. De su alma. Y esta es la razón de que Valencia haya ganado el sobrenombre de “eucarística”. Por su entusiasta devoción al sacramento de la presencia real de Cristo, consecuencia de cuatro elementos que la hicieron posible: poseer el Santo Cáliz de la última cena de Jesús, poseer también el único monumento del mundo erigido a su culto solemne y diario en la iglesia del Patriarca de la ciudad, contar el mayor número de santos y milagros eucarísticos dados en ciudad católica, y una espectacular procesión del Corpus que hoy cumple la 656, desde que en 1355 el arzobispo Hugo de Fenollet y el Consell de la Ciutat acordaron celebrar la primera que discurriera por las calles. Antes lo hacían por el interior de los templos.

Es la segunda de España y sexta del mundo. Porque la pionera es la de Lieja en 1246 gracias a la monja cisterciense belga, Juliana de Mont Comillon, que la sugirió a su obispo, Roberto de Torotte. Y aunque el papa Urbano IV, recogiendo la idea, la estableció para la iglesia universal en 1264 con su bula “Transiturus de hoc mundo”, pronto cayó en el olvido; siendo el papa Juan XXII en 1317 quien la impuso de obligado cumplimiento sin excepción de sede episcopal alguna, además de fijar su celebración el jueves siguiente al domingo de la festividad de la Trinidad. Si bien en nuestra nación y por motivos políticos, la Conferencia Episcopal Española en 1990 la cambió al domingo siguiente, en lugar del jueves, permitiendo ciertas excepciones como en Toledo y Sevilla que siguen manteniendo sus procesiones el jueves.

A partir de la novedosa Lieja, la primera en sacar la procesión a la calle fue la catedral de Colonia en 1306; siguió la de Worms en 1315; Barcelona en 1319; Londres en 1320 y Valencia en 1355. Pero en nuestra ciudad constituyendo un homenaje público a Jesús Sacramentado del que formaba parte toda la jerarquía eclesiástica, el clero secular y regular, las autoridades civiles y militares, la nobleza, los gremios y oficios, el pueblo en general. Hasta el rey Felipe III con su familia y la corte presidió la del año 1604, con motivo de la inauguración de la Real Capilla del Corpus Christi fundada por el Patriarca arzobispo San Juan de Ribera.

Es cierto que el Corpus valenciano, en los siglos de historia que cuenta, ha gozado épocas de esplendor y de decadencia. Pero también es justo reconocer que, a partir de la creación en 1977 de la asociación “els Amics del Corpus”, se mantiene sin altibajos entre las mejores de España. Con sus más de cien personajes bíblicos que desfilan en ella; “els cirialots”, representando a los 24 ancianos del Apocalipsis que adoran al Cordero de Dios en la liturgia celestial; “la moma”, simbolizando la victoria de la virtud sobre los 7 pecados capitales; “las tres águilas”, al Espíritu Santo y la unión de las iglesias de España con Roma; “las Rocas”, espectaculares plataformas sobre las que antaño se representaban autos sacramentales, etc.

Y como colofón, su monumental custodia portando la Sagrada Hostia. La de más altura del mundo con sus 600 kg. de peso en plata, 10 kg. en oro y numerosas piedras preciosas. Una exquisita obra de artistas valencianos sufragada por el pueblo, que nada tiene que envidiar a las que ostentan otras famosas catedrales. Y como de ella escribía el prestigioso crítico de arte, marqués de Lozoya, “nada se ha hecho en España que iguale en suntuosidad a esta fábrica de oro y plata. Con sus columnas tersas, sus remates y la profusión de sus adornos, la custodia de la catedral de Valencia es un reflejo exacto del alma valenciana”. Y vale la pena contemplarla en su ambiente procesional, especialmente este 2011 declarado “Año de San Juan de Ribera”, hasta la fecha el más ferviente devoto del Corpus Christi de la historia.

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UN PAPA DE RECORDS, NUEVO BEATO DE LA IGLESIA

J. Antonio Domenech Corral  (publicado en diario LEVANTE en  27 abril 2011

Después de 6 años y un mes de su muerte es elevado a los altares Juan Pablo II. El día de la Divina Misericordia, 1º de mayo, la festividad instituida por él mismo en el año 2000 para agradecer a Dios la salvación humana realizada por Cristo en su itinerario pascual.

Ocupa el número 265 de orden de los papas habidos en la Iglesia. Con los máximos apelativos laudatorios que se hayan aplicado jamás, incluido el de Magno que solo lucen tres y además santos (lo que puede ser premonitorio): san León I (a. 440-461), san Gregorio I (a. 590-604) y san Nicolás I (a. 858-867). Si bien Juan Pablo II tiene bien ganado otro exclusivo muy original, "el papa de los records", por los obtenidos en todos los campos de la actividad durante su larga vida pastoral. Precisamente éste del tiempo de pontificado casi constituye otro de ellos ya que, con 26 años de gobierno de la Iglesia, resulta el tercero más largo de la historia tras el primero de San Pedro que se estima en 34 y el de Pío IX en 31.

Sus verdaderos récords han sido: el papa que más viajes ha realizado fuera de Italia, con visitas a la mayoría de países del mundo. En kilómetros supuso 29 veces la circunferencia de la tierra. También el que más encíclicas, exhortaciones, constituciones y cartas apostólicas ha escrito -incluso 5 libros originales con el mayor éxito del mercado- superando 100.000 folios repartidos en 55 volúmenes. En ellos sobresale su personalidad de riguroso moralista, a la vez que comprensivo de la condición humana.

En lo referente al orden político, cuando accedió a la sede de Roma en 1978 el Vaticano mantenía relaciones diplomáticas con 85 países; sin embargo a su muerte los había aumentado hasta 174, más la Unión Europea, Federación Rusa y la OLP. Recibió a 426 Jefes de Estado -reyes y reinas-, 187 primeros ministros, 190 ministros de Asuntos Exteriores y 642 embajadores con sus credenciales. Sin olvidar que su voz fue las más veces ha sido escuchada en los foros internacionales y su mediación la más solicitada en todos los conflictos. Siempre en favor de la paz. Concedió 1500 audiencias a Jefes de Gobierno y unas 1100 generales con asistencia de más de 17 millones de personas.

Y en el orden eclesial nombró 232 cardenales, 3300 obispos de los poco más de 4300 que se repartían en el mundo, canonizó 483 santos y beatificó 1340 Siervos de Dios. Sin dudarlo, su pontificado ha sido el más prolífico de la historia o, como algunos historiadores afirman, el mejor de todos; hasta haber despertado el interés de su estudio en algunas facultades de teología para dar a conocer su pensamiento en su extensa producción literaria, social, filosófica, teológica y hasta política. Así la Universidad Pontificia San Juan de Letrán de Roma con su creada Cátedra Karol Wojtyla.

Sin embargo, no es gracias a estos records que Juan Pablo II va a ser venerado en los altares, lo que aún añadirá otros dos nuevos a su admirable palmarés: ser beatificado en el tiempo más corto luego del fallecimiento y por su inmediato sucesor. Porque el verdadero motivo es la comprobación de que en su vida se ha dado, en grado heroico, el ejercicio de las virtudes cristianas como exige la Constitución apostólica Divinus perfectionis Magister, por él mismo refrendada en 25 enero 1983.

Y para mí el acontecimiento guarda un aliciente añadido: la cercanía de su persona en el Paseo de la Alameda durante la ceremonia de ordenación de 150 presbíteros, en la visita que realizó a nuestra ciudad en noviembre de 1982. Seguramente preludio de otras más próximas mantenidas con tres sacerdotes valencianos, los Siervos de Dios Eladio España, Vicente Garrido y Bernardo Asensi, también en camino de la santidad.

 

 

En la foto, con el papa nuevo beato, en 1982 durante una visita al pontífice: el obispo valenciano mons. Vilaplana; el entonces su secretario el valenciano sacerdote, José Pérez Leal; y a la derecha del obispo, el sacerdote postulador de la causa de canonización del Patriarca San Juan de Ribera, Juan Sánchez.

J. Antonio Domenech Corral

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LA IGLESIA DEL PATRIARCA PREPARA LA CELEBRACIÓN DEL IV CENTENARIO DE LA MUERTE DE SU FUNDADOR.-

Se cumplirá el 6 de enero de 2011.-

J. Antonio Domenech Corral

Los fieles devotos de la Iglesia del Patriarca que asisten cada domingo a sus oficios y celebraciones eucarísticas, quedaron el pasado año y casi alarmados cuando, al entrar en el templo, vieron montado un gigantesco andamio en el presbiterio y un provisional altar en mitad del crucero. ¿Desprendimientos, goteras en la hermosa cúpula, daños en el dorado retablo mayor o en las magníficas pinturas murales?, pensaron. Pero nada de eso. Es que la institución ya se prepara para la celebración en 2011 del IV Centenario de la muerte de su fundador, San Juan de Ribera. Su fiesta más grande cada cien años. Y el modo mejor de hacerlo es disponiendo la "policía y aliño" de su imagen que con tanta insistencia recomendaba el Patriarca en vida. Para que su iglesia fuera "el calco y modelo de todas, tanto del Reyno como fuera dél".

Porque "policía y aliño" fueron las palabras preferidas y empleadas por el Patriarca para expresar el orden y limpieza, ornato y hermosura, que quería ver reflejados en todos y todo cuanto se relacionaba con el culto divino en su Capilla. Asombran sus disposiciones para conseguirlo. Hasta el mínimo detalle. Desde el barrido de la iglesia, limpieza de alfombras, puertas, rejas, altares, candeleros, incensarios, manteles, ornamentos de capellanes y acólitos; hasta el "espolsar" el polvo de "cornicas" y pinturas murales con palos rematados de finas plumas de ave para no dañarlas. Disposiciones todas recogidas por el sacerdote-sacristán en el libro "Consueta" de sacristía, nueve años después de fallecido San Juan de Ribera (1611); y añadiendo de vez en cuando, para mayor interés al cumplimiento, la coletilla: "Así se hacía viviendo el Patriarca, nuestro santo fundador y señor". "Así lo tenía mandado". Libro Consueta cuya transcripción acaba de finalizar quien esto escribe.

Restauradas el pasado verano de 2008 las magníficas pinturas murales que rodean el presbiterio, del pintor genovés Bartolomé Matarana, sigue ahora las del crucero; y luego quizás, el resto del templo y posteriormente el bello claustro renacentista del Colegio, terminando con la fachada exterior del conjunto Colegio-Capilla de Corpus Christi. Al menos, es lo que pretende llevar a cabo la Consellería de Cultura para dejar perfectamente remodelada la bella estampa que promete la plaza del Patriarca. Y que en la actualidad queda un tanto distorsionada por el deteriorado aspecto exterior que presenta el sacrosanto y monumental edificio.

Históricamente no es la primera vez que se realizan estas restauraciones. Ya en el año 1892 y por el mismo motivo de preparar la celebración del III Centenario en 1911, se procedió a la restauración completa de toda la pintura mural de la Capilla, incluida nave y bóveda, con excepción del coro. Realizó los trabajos, supervisados por la Real Academia de San Carlos, el laureado artista valenciano de la Ollería (1835-1903), Vicente Borrás y Mompó. Por precio estipulado de 20 pesetas por metro cuadrado, sufragando voluntariamente todo el gasto en esta ocasión el duque de Dino, Manuel González de Andía, devoto del Patriarca y gran admirador de su obra.

Aunque entonces no sucedió el acontecimiento a que ahora obligatoriamente se ha dado lugar. Y es que, al no poderse celebrar en la Iglesia los originales y tradicionales actos eucarísticos que constituyen los llamados "Jueves del Patriarca" -la procesión del "ofrecimiento de ramos al Santísimo Sacramento" y el "canto de alabados"- ha tenido que discurrir por primera vez por parte del claustro del Colegio y terminar en la Capilla de la Inmaculada, ubicada en el pórtico de entrada al Real Colegio Seminario, donde ahora se celebran los actos religiosos.

Todo lo cual debe hacerse constar tanto en los libros de "Prima mensis" del Colegio, donde se recoge cualquier innovación introducida, según disposición del Patriarca. Y esto por fidelidad a la historia de la institución. Vale la pena recrear la vista recorriendo las dependencias de este sacro y monumental lugar.

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EL MISAL  VALENCIANO REEMPRENDE SU MARCHA

J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL (publicado en  diario LAS PROVINCIAS en 10 diciembre 2009)

El reciente anuncio hecho por nuestro arzobispo, monseñor Carlos Osoro, de su disposición a reunirse con los obispos de la provincia eclesiástica valenciana para allanar los obstáculos que hasta ahora han impedido a nuestra archidiócesis contar oficialmente con un misal en lengua vernácula, ha sido recibido con grandes muestras de satisfacción. No solo por los miembros de la Academia Valenciana de la Llengua (AVL) y el grupo de sacerdotes 'progresistas' que editan su propia revista en valenciano, sino por los fieles de tantas poblaciones que no cesaban de reclamar a sus curas párrocos las misas en valenciano. Aunque la verdad es, que no faltaba quien la celebrase usando algún viejo texto en circulación, 'ad libitum' y 'extra legem' (=en versión libre y fuera de ley), que en poco tiempo veremos ya reposar en el baúl de los recuerdos.

Porque, conociendo el empeño de monseñor Ososo que nada emprende sin lograr su fin, confiamos plenamente en que esta vez se conseguirá. Pues estamos seguros que los obispados sufragáneos de la Archidiócesis de Valencia (Mallorca, Menorca e Ibiza), cuyos prelados son valencianos, no se van a oponer; y los de Segorbe-Castellón y Orihuela-Alicante, aunque de Soria y Zamora respectivamente, tampoco.

Pues a todos ellos, incluidos los obispos auxiliares de Valencia, les mueve la constante preocupación de la Iglesia por la denominada 'inculturación', doctrina del concilio Vaticano II en su Constitución Pastoral Gaudium et Spes (58).

Es decir, que «el depósito de la fe sea anunciado en formas cada vez más acordes con la cultura de los pueblos». Y no hay anuncio más acorde y efectivo que el transmitido con la propia lengua.

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